martes, 27 de noviembre de 2018

¿Leer teatro para niños?

Ilustración: Pequeocio

Se abre el telón y, por unos minutos, la ficción invade la realidad adquiriendo forma a través del cuerpo y la voz. Bien decía García Lorca que «el teatro es poesía que se sale del libro para hacerse humana». Es esa su magia.

Pese a que hacer teatro en el Perú es difícil, el esfuerzo de dramaturgos, actores y productores comprometidos con su arte nos permite acercarnos a esa magia con una variada programación teatral. Para todos los gustos y públicos, incluidos los niños. Existen colectivos o asociaciones con un trabajo exclusivo para ellos, como Coladecometa, Palosanto o La Mayu. No obstante, este dinamismo dista mucho de la situación del teatro para niños en el sector editorial.

Si analizamos la producción editorial de literatura infantil y juvenil en Perú, notamos que el teatro está casi ausente. No obstante, aunque en otros países hispanohablantes haya más publicaciones de este género, la diferencia con la narrativa, e incluso la poesía, sigue siendo apabullante. No en vano el español Juan Cervera lo llama «Cenicienta de la literatura infantil», aunque a decir verdad lo es también de la literatura en general, sin etiquetas.

Pero, ¿por qué habría de leerse teatro para niños? Consideramos que hay dos razones importantes. En primer lugar, si partimos de que la obra teatral tiene dos dimensiones —el texto y la representación—, podemos asumir la lectura del texto teatral como una posibilidad diferente y complementaria de acercamiento a la obra, no indispensable, pero sí enriquecedora. La representación nos permite una apreciación del momento centrada principalmente en las acciones de los personajes. Impera el impacto sensorial y emotivo que genera en el espectador. Escuchamos los textos de los diálogos como si fuéramos testigos de una conversación casual. Prestar atención a lo que dicen los permitirá saber qué pasa. No obstante, la fugacidad del momento y el estar concentrados en lo que ocurre ante nuestros ojos, a veces no nos permiten apreciar la estética de esos diálogos o frases dignas de ser recordadas e interpretadas pasan por nuestros oídos con velocidad tal que a veces no podemos aprehenderlas. Ante ello, la lectura del texto teatral aparece como un acercamiento más pausado que invita a una contemplación más analítica del uso del lenguaje y de los temas abordados por el autor, de los diferentes niveles de lectura que puede ofrecer un buen texto literario.

La segunda razón remite a esta última idea. El teatro es un género literario como lo son la poesía y la narrativa, y como tal ofrece una tipología textual diferente, esencialmente dialógica, que exige al lector situarse en diversos roles para asumir la voz de distintos personajes. Al no existir un narrador, le corresponde a él unir las piezas del rompecabezas para reconstruir los hechos representados, partiendo de los diálogos y las acotaciones. Tal como señala, la española Isabel Tejerina, «la especificidad del género teatral, que nace para ser representado, no invalida la naturaleza literaria de sus textos. Por ello, sus obras de calidad también pueden ser disfrutadas plenamente por el valor en sí mismo de su lenguaje artístico».

Cabe mencionar una tercera razón más utilitaria, pensada desde la perspectiva de la formación de los niños como lectores. Puede que en la infancia haya cierto acercamiento al teatro como espectáculo; sin embargo, el acercamiento a la lectura del texto teatral suele darse de manera tardía, ya en la secundaria cuando es imperante en la escuela leer a clásicos como Sófocles, Shakespeare o Calderón de la Barca. A pesar de ello, no existe un itinerario de lecturas que preparen al niño lector para enfrentarse a la interpretación de este tipo de textos.

Ante este panorama, resulta alentador encontrar tres publicaciones recientes de teatro para niños editadas en nuestro país, que sin duda contribuyen a diversificar la propuesta editorial en cuanto a géneros se refiere:

Teatro para niños (SM, 2015)


Carlota Carvallo es un ícono de la literatura infantil peruana y en esta publicación póstuma, con ilustraciones de Carmen García, se presentan cuatro de sus obras teatrales más representativas: La tacita de plata, Oshta y el duende, El monigote de papel y Florisel, textos escritos entre las décadas de los 40 y los 60. Las dos primeras obras obtuvieron el Premio de Teatro Escolar del Ministerio de Educación. Entre ellas, destaca la historia de Oshta, adaptación de su cuento infantil más célebre, en la que nos muestra la complejidad de la naturaleza humana y de las relaciones sociales alternando entre la crudeza de la realidad y la fantasía. Oshta es un niño que asume la responsabilidad de cuidar el rebaño ante la ausencia de la madre. Él, a pesar de su corta edad, tiene las reglas claras: o engaña o será engañado. Por ello, no duda en hacer que el zorro muera atragantando y se vale de su cuerpo para embaucar al puma. Sin embargo, Oshta no deja de ser un niño y la inocencia habita en él, por lo que termina siendo embaucado por el duende, quien nos conduce hacia un final totalmente inesperado.


Brujas, embrujo de azúcar (Ludo, 2015)


Esta comedia de la actriz ecuatoriana María Fernanda Gutierrez, con ilustraciones de Beatriz Chung y prólogo de Percy Encinas, fue estrenada el 2016 y tiene como protagonistas a tres brujas: Remedios, Ágata y Úrsula, quienes gracias a sus hechizos y su locura, logran devolverle a un chef amargado la alegría de cocinar. Con alegres canciones, diálogos breves y acotaciones a veces largas, esta obra capta la atención del lector y lo envuelve en un mundo culinario donde reina la fantasía. Por estar inicialmente pensada para representarse en un restaurante o banquete, aprovechando el ingreso de los platos, puede que el montaje de la obra por los niños resulte un poco más complejo.


Blas, el zorrito audaz (Panamericana, 2017)


Celeste Viale Yerovi es una destacada dramaturga peruana que impulsa el teatro para niños a través de la Asociación Coladecometa, fundada junto a Alberto Ísola. En esta obra, ilustrada por Christian Ayuni, nos presenta la historia de un zorrito llamado Blas, quien siente ansias de crecer y ser “un zorro de verdad”. Para ello, debe ir hasta la Selva Espesa y Salvaje, la SES, donde encontrará animales que le enseñarán a ser feroz y audaz. En su camino, conoce a otros animales que anhelan llegar al mismo lugar y junto a ellos participará en un concurso de baile cuyo premio son los pasajes para la SES.

La obra destaca por el abordaje de temas íntimos y sociales complejos, como el difícil proceso de crecer e ir descubriendo quiénes somos, o los daños que provoca el hombre en el hábitat de los animales, pero de manera sencilla y amena, sin caer en discursos moralizantes. Además, la construcción de los personajes es interesante porque cada uno tiene su propio conflicto, y el final abierto resulta inesperado para el lector/espectador.


Lo que debes saber sí o sí
Tras el éxito de la trilogía de Blas en el teatro y la publicación del primer libro, este año se ha hecho la reposición de la obra en el Teatro Ricardo Blume, con ampliación de temporada hasta el 09 de diciembre. Para más información, visita la fanpage de Coladecometa.

Foto: Coladecometa
Si quieres leer más teatro para niños, te invitamos a visitar la web de Los Dramaturgos, donde encontrarás 5 obras de infantil, entre las que destacan las de Ernesto Ráez.


¿Dónde encontrarlas?
Teatro para niños está disponible a S/ 39 en Communitas y otros puntos de venta de SM:
Brujas cuesta S/ 30 y puede encontrarse en librerías como El Virrey, Communitas y la cadena Íbero.
Blas, el zorrito audaz se encuentra a S/ 35 en Crisol, Íbero, SBS, Entre Páginas y en las oficinas de Editorial Panamericana (Calle Mercaderes 114, Surco).





2 comentarios:

  1. ¡Hola! Esta entrada me encantó. Recientemente pude ver la puesta en escena de un libro o, mejor dicho, poemario Abracadabra de Erika Stockholm. Y digo 'puesta en escena' porque lo que acompaña a la narración del libro es una serie de elementos del lenguaje escénico o recursos teatrales. Pienso ¿Puede llamarse teatro a toda la poesía puesta en escena? ¿Cuánta distancia hay del género con el kamishibai?

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  2. Hola, Cassandra. ¡Qué bueno que te haya gustado la entrada! Concuerdo con la diferenciación que haces entre obra teatral y puesta en escena. Entiendo que una obra teatral, entendida en su forma más pura, debería narrar algo para ser considerada como tal. El kamishibai es la técnica de contar historias con ayuda de láminas de ilustración que se van colocando en el butai. Se le conoce como "teatro de papel" porque justamente el butai parece un pequeño escenario donde se van sucediendo una escena tras otra. Yo lo considero una técnica de narración más que teatro en sí.

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